Cómo empecé con la caligrafía

Qué bonito es el mundo de la caligrafía. Cuando pienso y echo la vista atrás, aveces pienso, ¿cómo no me di cuenta antes que era algo qué me gustaba tanto? 

Desde siempre me había fijado en el tipo de letra que hacían mis compañeras en clase, posteriormente empecé a darme cuenta que adoraba, literal, adoraba escribir, notar como el boli se deslizaba sobre cualquier papel. Siempre en mis tiempos de clase, universidad y trabajo había alguien que se fijaba en mi letra y un “Qué bonita” siempre oía. 

Hace unos dos años me fijé en una artista que escribía Copperplate (caligrafía inglesa). Sin duda, para mí, fue un antes y un después, me quedé maravillada, y tuve clarísimo que sí o sí iba a saber escribir este tipo de caligrafía. ¿Cómo aprendí? practicando muchas horas, con muchos ejemplos visuales, con cursos y técnicas, así como con libros de práctica. Probar diferentes plumillas hasta encontrar mi preferida, probar con variedades de papeles e incluso buscar tintas preciosas. Tengo tintas hechas a base de pigmento conseguido en mis viajes a Venezia o Londres, que sin duda son un tesoro.

Es un tipo de caligrafía que exige muchísima precisión, concentración y dominar muy bien cada movimiento así como la presión ejercida sobre el papel. Eso sí, lo que se siente al escribir y ver como fluye es algo increíble. Imagino que si hay alguien leyendo esto y sabe escribir copperplate, sabrá a que me refiero 😉

Desde que escribo es algo que siempre he pensado; en un mundo tan tecnológico y avanzado, en donde las máquinas cobran protagonismo a la hora de hacer  diseños artísticos o incluso en cualquier ámbito, saber que el valor de lo artesanal gana a lo electrónico, me hace feliz. No hay más que ver la demanda de las grandes firmas de diseño como buscan este tipo de servicios para añadir exclusividad.

 

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